Un coach no es un consultor, ni un consejero. El coach es un aliado que guía y motiva a
la persona en su proceso, y le recuerda con fidelidad cuáles son sus fortalezas y sus
objetivos.
El objetivo de una relación de coaching es que el cliente pase a la acción y de pasos
adelante. El auténtico desafío se resume en esto: una cosa es saber lo que debemos hacer,
y otra cosa hacerlo.
En nuestra actividad como coaches, distinguimos diferentes tipos de coaching en función
del alcance y de la tipología de cliente al que nos dirigimos. Hablamos así de:
Coaching de negocios:
Dirigido a propietarios de pymes buenos conocedores de su sector y generalmente
poseedores de un excelente conocimiento técnico pero que en ocasiones, carecen de
competencias gerenciales, habilidades comunicativas, liderazgo de equipos,
conocimientos financieros etc.. A veces, estas personas se encuentran con verdaderos
conflictos en la definición de los distintos roles que ocupan dentro de su empresa
(accionista principal, gerencia, comercial, producción…). Nuestra labor es ayudarles
a definir sus roles y a distinguir entre dos conceptos claves: empresa y autoempleo;
la primera tiene entidad propia y debemos asegurar su supervivencia y crecimiento al
margen de las personas que la crearon, la segunda está íntimamente vinculada a la
presencia de su creador y sin él es posible que no exista. El proceso que planteamos
incluye diferentes fases cuidadosamente diseñadas y encaminadas a alcanzar una entidad
comercial rentable que funcione sin la presencia constante de su creador. La duración
de esta intervención suele durar unos 12 meses con sesiones semanales de unos 90 minutos.
Crecento, es la primera empresa en España constituida como Firma de la compañía
ACTION COACH, empresa australiana líder en el sector del coaching de negocios y con más
de 2.000 coaches en todo el mundo.
Coaching ejecutivo:
Dirigido a directivos de empresas medianas y corporaciones. Se trata de un proceso
de aprendizaje que conduce a cambios conductuales en el ejecutivo, quien deberá
desaprender formas menos productivas de conducirse y reemplazarlas por conductas más
efectivas a fin de alcanzar sus metas profesionales. Está orientado a optimizar el
rendimiento del ejecutivo en sus distintas fases del liderazgo, a mejorar el rendimiento
de los colaboradores, desarrollar su potencial y competencias clave, mejorar las
relaciones directivo-colaborador. El número de sesiones, en estos casos suele ser un
mínimo de 8.